La noche esta posada en el campanario. Los murciélagos, asustados, atraviezan los arcos iluminados por una brillante luz amarilla. Qué extraño que se oculten allí, donde la luz brilla con un tono ámbar. Donde no son recibidos, sino rechazados, y borrados de un campanazo.
El negro, sin embargo, sigue siendo el predominante a traves de la ventana. Aunque todo tiene otro color, a estas horas se mimetiza y los árboles, tejas y cables son solo siluetas que nada dicen de si mismos. La suciedad dejo una marca alargada y deforme sobre las paredes del convento. Se renuevan cada vez que llueve. Es dificil pensarlo, pero el gran paredón blanco que lo caracteriza cambia de color despues de la lluvia. Toda la ciudad lo hace también. Es más intenso... mas complicado de ver.
En realidad, el cambio, se siente en el aire.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario